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Una pieza musical para cada uno

Estas fiestas navideñas las he pasado en el sur de francia con mi pareja y gran parte de su familia. Se me ocurrió como regalo elegir una pieza musical para cada miembro de la familia presente y grabarla con el violín en un cd.

Comparto las piezas a continuación, estan grabadas con un micro y sin tratamiento alguno de sonido. No he eliminado tampoco el ruido estático o blanco, son “tal cual” y sin acompañamiento (aunque algunas podrían tocarse con piano).

Os deseo un buen 2016, lleno de buenos momentos.

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Sabiduría musical del “no entendido”

En mi vida musical y violinística, las mayores comprensiones fundamentales me han venido dadas por personas que no son “entendidas” dentro del mundo de la música clásica según los protocolos comúnmente aceptados de estudios y distinciones varias al respecto.

Una de ellas es mi pareja, Caroline, que me ayudó a identificar capas profundas de mi tensión al tocar el violín, ayudándome a ver que mi percepción y la realidad eran dos cosas diferentes: una cosa era lo que yo percibía que sonaba y otra lo que sonaba. Le debo la mayor parte de mi comprensión de los aspectos humanos respecto a tocar el violín.

Hoy me ha vuelto a pasar una de esas anécdotas, pero esta vez con un desconocido. Es lo hermoso de las grandes ciudades como Paris, que si te mantienes abierto te hacen regalos inesperados.

El hombre en cuestión, estaba sentado en un banco al lado del ayuntamiento con una radio encendida y sonando un movimiento lento sinfónico del periódo romántico que no acerté a identificar por su nombre pero que reconocía sonoramente de haberlo oido muchas veces previamente.

Al verme con el perro, se alegró y comentó lo mucho que le gustaban los cockers, le acarició y se me ocurrió decirle, que era hermosa la música que escuchaba y que yo tocaba el violín. El me dijo: ciertamente, abrió las manos y se puso a dirigir.

¡Menudas manos! y ¡menudo sentir! de repente paró , me miró con profundidad y me dijo: cuando toques el violín, que la música salga de aquí (señalando sus tripas), no de aquí (señalando la cabeza) y prosiguió dirigiendo en su banco, con un gesto francamente imponente para un transeunte. ¡Qué espíritu musical!

Se volvió a detener y dijo que la música de verdad provenía de las tripas. Me sorprendió la escena francamente, me sorprendió para bien. Personas como él tienen y tendrían mucho que aportar a los músicos clásicos y a las instituciones musicales clásicas si estuviésemos en disposición de escuchar con franqueza y humildad sus palabras.

Muchas gracias señor desconocido, sin duda tomaré seriamente en cuenta su consejo.